Matar a la niña, de Agustina María Bazterrica





Agustina María Bazterrica es Licenciada en Artes y acaba de publicar su primera novela, la cual no podría haber sido posible sin su tortuosa experiencia infantil dentro de un colegio de monjas.

Sobre el proceso de escritura y publicación de Matar a la niña -y algunas cosas más- nos cuenta Bazterrica en la entrevista que sigue.

Revista Siamesa: ¿Cómo fue que estos personajes tan particulares empezaron a formarse en tu cabeza?
Agustina María Bazterrica: Comenzaron siendo protagonistas de un cuento que nunca escribí. Se trataba de un ángel guardián siniestro que asustaba a la niña que cuidaba. Me lo imaginé mirándola sin parar, una especie de Nosferatu de Murnau, pero con alas. Lo ubiqué en un cielo decadente, pero tenía que justificar la existencia de ese escenario. Entonces sucedió algo curioso. A partir de la construcción de ese cielo kafkiano, el ángel dejó de ser siniestro para convertirse en un espíritu que es obligado a simular ser un ángel. Está forzado a usar peluca, alas de plástico y a sonreír eternamente en su nube como en una estampita sagrada. 

La existencia de ese cielo absurdo y su legitimación hizo surgir el personaje de la Niña Santa. Una niña que no para de rezar y mirar, y para la cual está construido ese paraíso nefasto. El protagonista se rebela contra ese cielo artificial y decide que va a bajar a la tierra y matar a la niña.

Queda claro que, al final, invertí los roles del cuento original: el ángel pasó a ser la víctima y la niña el personaje siniestro.

RS: ¿De qué manera comenzaste a bosquejarlos en el papel (o la Pc)?
AMB:
Usé ambos. En ese momento estaba estudiando en la UBA y pasaba muchas horas de mi vida arriba de colectivos. Por eso escribía en hojas sueltas o sobre apuntes y después iba pasando esos garabatos a la PC (muchos de ellos incomprensibles por las frenadas de los colectiveros). En una época tenía millones de borradores impresos con correcciones que fui tirando. Me llegó a impresionar la cantidad de versiones intervenidas por mis correcciones obsesivas. Hoy en día uso el celular para mandarme mails con notas.

RS: ¿Te costó encontrar editorial para publicarlo?
AMB: A la novela la tenía totalmente archivada. Estaba buscando una editorial para mi libro de cuentos, proceso que abandoné temporalmente porque surgió la posibilidad de publicar Matar a la Niña. Se dio gracias a un colega que iba a publicar su libro y me recomendó al editor. Lo llamé, le pasé la novela y me dijo que le interesaba. Así de simple.

Fue un proceso muy gratificante porque al ser una editorial independiente fue un trabajo en equipo, situación que no resulta habitual, ni fácil, pero genera mucha creatividad en las propuestas. Esta faceta positiva de lo casi artesanal se contrapone con la limitación de recursos de difusión y venta. La buena noticia es que se pueden balancear. También fue un colega el que me dio la clave “si vas a publicar con una editorial independiente contratá a gente de prensa que te ayude a difundir la obra”. Así lo hice, lo recomiendo.

RS: ¿Qué fue lo más gratificante de escribir tu primera novela?
AMB: Me reí mucho, la disfruté y -al mismo tiempo- pude reflexionar con ironía y humor sobre mis obsesiones: aspectos que considero centrales en mi formación y en mis rechazos como los relatos sobre el cielo, el infierno, lo sagrado, lo bello, el valor de la inteligencia enciclopédica, en fin, los mandatos y dogmas con los que algunos de nosotros convivimos y de los que por años somos prisioneros en mayor o menor medida.

RS: ¿En qué momento decidiste que estaba lista para ser publicada?
AMB:
Decidí publicarla porque sentía que no tenía escapatoria. Mirando mi producción literaria uno podría decir que no es excesivamente abundante. Sin falsa modestia y evaluando mi obra, pareciera que son más los premios que recibí que las obras que publiqué. Por eso me pareció imprescindible encarar con responsabilidad esto de dar a conocer lo que escribo. Es cierto que, por momentos, me resulta una tarea algo borrosa en cuanto a códigos, lenguajes y buenas prácticas. Son espacios que todavía, y en cierta manera, me resultan ajenos. Pero me dije: “si pude transitar tantos cielos agobiantes, ¿no podré explorar los derroteros de la praxis literaria?” Sorpresivamente, no hubo sufrimiento. Publicar resultó ser una fuente inagotable de oportunidades para sonreír y, a veces, para reírme de mí misma con grandes carcajadas. En última instancia, el humor (ya lo había sospechado) es un recurso estratégico.

Matar a la niña/Difusión
RS: ¿Qué fue lo más difícil del proceso?
AMB:
Desempolvarla. Sacarla de su limbo sin consecuencias. En otras palabras, terminarla y archivarla, y tener que, algunos años después, corregirla para su publicación. La novela me resultó completamente ajena, los gags ya no me causaban gracia y volver a ubicarme en la misma frecuencia me resultó difícil. Finalmente, fue un proceso muy efectivo porque al resultarme tan extraña, tomé distancia y el trabajo de corrección fue desapegado, muy preciso y creo que eso la mejoró sustancialmente. 

RS: ¿Te costó dejar de hablar con tus personajes todos los días con el punto final del libro o fue algo liberador?
AMB:
Recuerdo que el día en el que puse el punto final sentí una gran alegría, había logrado el objetivo. No sentí la pérdida de los personajes, ni pasé por una etapa de duelo, porque estaba estudiando y en seguida mi cerebro se llenó con la lectura de libros, clases y exámenes.

RS: ¿Qué otros escritores emergentes leés y recomendás?
AMB:
Leo revistas donde publican escritores instalados y emergentes como Casquivana, La mujer de mi vida, Orsai, entre otras. También voy a ciclos de lecturas como los del Grupo Alejandría en Eterna Cadencia, donde invitan a leer a escritores consagrados junto con otros desconocidos. He conocido gente muy valiosa, que escribe muy bien.

Puedo recomendar obras que leí este año de autores argentinos jóvenes que publicaron hace poco como Monjas chinas, cuentos de Leonardo Novak; los libros de poemas Estado de Espesura, de Pamela Terlizzi Prina; Silencio en la nada luz, de Eugenio Polisky; y Para que nada sea, de Mariano Díaz Barbosa. A fin de año se publica la novela de Carlos Carioli Comés el pelo del perro que te mordió, que tuve la oportunidad de leer con anticipación, novela bizarra y alucinante si las hay.

Si bien en términos convencionales no entra en la categoría de una autora emergente, porque es bien conocida, recomiendo especialmente la lectura del ensayo La maldición de la literatura, de Liliana Díaz Mindurry. 

RS: ¿Qué le dirías a un lector que está a punto de empezar Matar a la niña?
AMB:
Que se prepare para un viaje alucinógeno. Es una novela diseñada para que el lector transite por distintos niveles. Elija aquellos que tenga ganas. En un plano, es probable que se ría. Algunos lo harán y mucho. En otro punto de la espiral, puede ser que reflexione sobre diversos tópicos. Además, tiene muchos guiños y referencias sobre arte, música, cultura. No entorpecen la lectura si uno no las conoce, pero si las capta, la hacen más rica. Generan ciertas complicidades. Se lee muy rápido, casi de un tirón… y ya hubo gente que me pidió la ¡segunda parte!

Me encantaría que la pudieran leer y que la comentemos a través de mi página web: www.agustinabazterrica.com

Si querés hacerte de un ejemplar, Matar a la niña se consigue en estas librerías: Otra lluvia (Bulnes 640); Paradigma (Maure 1786); Santiago Arcos (Puan 481 1°); Mendel (Paraguay 5163); La Libre (Bolívar 646, San Telmo); Librería Rodriguez Villa Crespo (Scalabrini 181); Lilith Libros (Paraguay 4399).  

Detalle
Autor: Bazterrica, Agustina María.
Título: Matar a la niña. 
Editorial: Textos intrusos.
Año: 2013. 
ISBN: 978-987-29039-3-0. 
Páginas: 222. 
Precio: 50 pesos.

Dirección:

Ariana Pérez Artaso

Equipo de redacción:
Marilyn Botta
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Diseño y moderación:
Pablo Hernán Rodríguez Zivic

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