Dos poemas de La otra vida, de Agustín Campos

Testigo incierto

Ojalá fuera solo un testigo 
cierto en los trastornos
y quieto en las pasiones,
y de mi alma fuera amigo.

Quisiera ser el secretario 
de emociones exactas,
enviadas a un controlador
que el día entero las anotara.

Pero me acostumbro a bajar
en un ascensor descontrolado,
del cielo al infierno volando
yendo a las llamas apagar.


Pasado

El pasado me acosa con sus garras,
borrar las huellas 
y caminar hacia la espuma,
un pasajero en perpetua fuga.

Recordando la foto en blanco y negro
y el peso de los sueños que llevo,
sobre una mochila, con la mayor destreza,
para aliviar mi alma en la meta.

El pisado pasado,
en mi frente, el destino tatuado,
como tinta vieja en la piel impresa,
de tanto andar por la ancestral huella.

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Más sobre Agustín Campos:  
Ventana Esquizo (Reseña de Revista Siamesa).

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