Re-estreno de "Scarface", de Brian De Palma

  

¿Y si no todo clásico es Clásico?

Por Guido E. Maltz


Somos muchos los que de chicos solíamos ver Miami Vice (División Miami). Definitivamente fue una serie que marcó generaciones. Incluso hoy sigue atrapando todo ese universo de los '80s, con su moda (hoy en día) exótica, las baladas rockeras y esa lucha agónica entre policías y narcos. Sin dudas, esa serie es un clásico. La prueba está en que podemos si viéramos hoy en día cualquier episodio, si no moderno, al menos podría parecernos actual. La evidencia está ahí, al alcance de la mano: basta ponerla a prueba para ver si es tan buena como la recordamos. Más de uno se llevará una sorpresa y dirá que no es igual de buena que el recuerdo... sino mucho mejor.

Para la mayoría de los entusiastas de películas de mafiosos que no vimos Scarface (1983), el inminente re-estreno significaba una gran ilusión. Una chance única de vivir de nuevo algo de esa decadente y (pero) encantadora Miami de hace treinta años. Fanáticos del género suelen nombrarla como un hito del cine, una historia emocionante con un personaje de esos que son leyenda: el mafioso cubano-norteamericano Tony Montana. Dirección a cargo de Brian De Palma, guión de Oliver Stone, actuación estelar de Al Pacino... ¡Y encima en el cine, en la mejor calidad digital! ¿Qué más se podía pedir? El film parecía tener todas las cartas para ganar. Sin embargo, en el mundo del celuloide las cartas ganadoras no siempre aseguran la victoria...

Scarface es la historia de Tony Montana, un criminal cubano que arriva a Estados Unidos con ansias de realizar el "sueño americano", pero a su manera. De a poco va subiendo escalones en el submundo del crimen, donde llega a consolidarse como uno de los narcotraficantes más importantes del estado de Florida.

Así vista, la historia no parece muy distinta a otros (miles de) clichés sobre las guerras mafiosas, el narcotráfico y la década de auge del neoliberalismo. Es muy probable que en 1983 Scarface haya sido un film actual con una cierta mirada interesante al interior del crimen organizado. No obstante ello, difícilmente podamos llamarlo clásico, como si por decreto se lo pudiese poner a la altura de otras ficciones mafiosas como El padrino, Érase una vez en América o El clan de los sicilianos, o siquiera en el mismo nivel que clásicos de otros géneros, como  El Mago de Oz, A la hora señalada o Casablanca. A diferencia de los Clásicos (con mayúscula), que rompen las barreras de su época, me daría la impresión de que Scarface quedó atrapada en su tiempo.

Al momento del estreno original del film, El crítico Leonard Maltin fue uno de los que sostuvo una opinión negativa hacia Scarface. Le dio una estrella y media sobre cuatro y declaró que "(...) [Scarface] se regodea en el exceso y lo desagradable durante casi tres horas, y no ofrece nuevas miradas al interior del mundo del crimen, excepto por el hecho de que el crimen no paga. Al menos la versión de 1932 'se movía'". 

A las consideraciones de Maltin podríamos agregaraparte de la excesiva duración y el exasperante estaticismo la superficilaidad extrema y la falta de progresión dramática de los personajes, la linealidad y predictibilidad de la trama, la llanura total de los diálogos, la inverosimilitud e incoherencia de algunas escenas y la asimetría actoral entre un experimentado pero encasillado en su personaje de "malo" Al Pacino y una bonita pero incipiente e inexpresiva Michelle Pfeiffer, entre otras cosas.

Sin embargo, bajada Scarface de la categoría de clásico, no está dicha la última palabra. Existe otra categoría de películas que muchas veces es confundida con la de clásicos. Se trata de los films de culto. Hablamos de producciones que logran trascender más allá de su tiempo original, pero ya no por méritos técnicos de la película en sí o de sus realizadores, sino más bien por un fenómeno social y cultural. El film de culto abarca una categoría tan discutida y difusa que muchos teóricos han dado su opinión, como por ejemplo el filósofo italiano Umberto Eco, para quien "la obra debe ser amada, obviamente, pero esto no es suficiente. Debe proveer un mundo completamente amueblado, como para que los fanáticos puedan citar personajes y episiodios como si fueran aspectos del mundo privado y sectario del fanático, un mundo sobre el cual cada quien puede hacer juegos de preguntas y trivias, como para que los adeptos a la secta reconozcan los unos a los otros su compartida experticia". Sin dudas, la realización de De Palma califica como de culto. Tanto la estética kisch de Tony Montana, como el retrato de una época agresiva y un salvaje crimen organizado hicieron mella en posteriores generaciones de espectadores.

Por otro lado, en un sentido menos social y más técnico, destacamos el positivo intento de la dupla De Palma - Stone de realizar una película realista sobre la mafia del narcotráfico, la celebérrima escena de acción final con el "saluda a mi pequeño amigo", la genial música de Giorgio Moroder y la extraña moda de los ochentas.

Independientemente de las observaciones que podamos hacer, no quedan dudas de que productos culturales posteriores son hijos —o cuanto menos, sobrinos— de Scarface. Sin ella, sin su extrema e innovadoramente salvaje violencia (acaso heredera de los spaghetti westerns de Sergio Corbucci), Quentin Tarantino, Robert Rodríguez y la saga de videojuegos GTA tal vez no existirían hoy.

Todo aquel que la mire hoy en día debería ser consciente de la idealización, del enamoramiento que el film sucitó durante años en sus fanáticos. No obstante el reconocimiento que le podamos encontrar, para quienes la veamos por primera vez ahora, Scarface seguramente nos dejará una sensación muy particular, algo como "ojalá las cosas hubieran sido diferentes. De verdad quería que me gustes, tenías todo para que así fuera, pero no pudo ser. A veces pasa. Me cuesta resignarme a que las cosas sean así. Prefiero pensar que no sos vos, que soy yo".

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El jueves 8 de marzo la película se vuelve a presentar en salas comerciales con copias digitales remasterizadas y con sonido Dolby sourround.

Dirección:

Ariana Pérez Artaso

Equipo de redacción:
Marilyn Botta
Carmela Marrero
Guido Maltz

Diseño y moderación:
Pablo Hernán Rodríguez Zivic

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